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Ad honorem

Josué se asomó por el balcón; se frotaba las manos de forma envolvente, con mucha fricción, manteniendo distancia de la baranda, mirando sin asomarse mucho. Abajo vio a un moreno llenito, en medio de la avenida, pisando las franjas amarillas mientras la 31 pasaba delante de él. Se veía muy diferente a la foto de Grindr...

Ricardo Flores
08 de julio de 2026
19 min de lectura
Un perfil sin foto con la siguiente descripción llamó su atención: «Activo 100 % Reservado Sácame💦💦». Por fin, carne fresca: ya estaba aburrido del menú de siempre por acá, los mismos rostros, las faltas de respuesta, las incompatibilidades de horario o los mismos fletes —y este mes no hay plata, así que si quieres tiene que ser ad honorem. Josué: 🔥, Hola Sujeto: Hola Contestó más rápido de lo esperado para el aplicativo. Josué: ¿Qué buscas? Sujeto: Lo que salga Josué: ¿Te va sex ahorita? ¿Tienes foto? Sujeto: Si, 👨🏾‍🦱 Envió una foto pixeleada donde se veía a un moreno delgado. Josué: ¿Qué tal 🍆? Sujeto: Si, 🍆. ¿Te gustó mi verga? Josué: ¿Quieres venir? Sujeto: ¿Dónde sería? Josué: 📍 Sujeto: Listo Bro, llego en veinte minutos. Josué se asomó por el balcón; se frotaba las manos de forma envolvente, con mucha fricción, manteniendo distancia de la baranda, mirando sin asomarse mucho. Abajo vio a un moreno llenito, en medio de la avenida, pisando las franjas amarillas mientras la 31 pasaba delante de él. Se veía muy diferente a la foto de Grindr: estaba vestido con un polo morado y unas zapatillas verde perico. Bueno, peor es nada, pensó para sí. Sujeto: Ya estoy abajo Josué: Estoy bajando. Tenía el rostro chato, moreno cholón, y el polo morado y las zapatillas verdes le habían parecido demasiado para la estética de Josué. Sin embargo, Josué le extendió la mano y el tipo respondió con un apretón displicente, de esos que se arrugan en la mano del otro: —Hola, ¿qué tal? Se podía ver la indecisión en los ojos de Josué, cavilando: ¿lo dejo entrar? —Sígueme. El Sujeto lo siguió; pasaron frente a la vigilancia rumbo al ascensor. El vigilante los saludó. Josué se limitó a levantar la mano y asentir con la cabeza, sin mirarlo a los ojos, y siguieron de largo. En el ascensor, Josué le agarró el paquete y el tipo lo miró de frente, con una sonrisa tímida y la mirada perdida. Podrías haber venido menos morado y con unas zapatillas menos llamativas, pensaba Josué mientras le sonreía. «Al menos se le ve 100 % activo y lo que he tocado promete», pensaba mientras el ascensor llegaba al ocho. —Qué tal, bro —dijo el Sujeto. En el departamento, el schnauzer de Josué no dejaba de ladrarle ni de gruñir. El Sujeto, más rellenito de lo esperado, llevaba además una mochila amarilla en el hombro; los colores efervescentes que destilaba el recién llegado perturbaban la armonía del espacio blanco y minimalista del departamento. El Sujeto miraba al perro con desprecio y miedo, pero solo se hacía para atrás, con las palmas hacia abajo. —¡Troncho, sal de acá, perro de mierda! —gritó Josué, apartándolo con el pie mientras le explicaba al Sujeto que el perro no hacía nada, que solo era un chillón de mierda. «Por aquí, sígueme». Los tres se dirigieron a la habitación de juegos. Desde hacía algunos años, con su flaco manejaban una habitación aparte para los encuentros personales con otros tipos. El perro no dejaba de joder, así que lo levantó y lo metió en el canil que estaba en el pasadizo. —Ponte cómodo —le dijo Josué, y el Sujeto dejó la mochila en el suelo, se quitó la ropa y se quedó desnudo, tirado encima de la cama. Tenía el pito flácido, negro y grueso; Josué tuvo que trabajar ardorosamente para ponerlo duro, y no se arrepintió de su trabajo. —¿Puedo sentarme encima? El otro asintió moviendo la cabeza, y Josué se puso un poco de gel y se sentó. —Oye, ¿no tienes jebe? —le dijo el otro. Josué se detuvo, sacó un preservativo, se lo puso al Sujeto y lo embadurnó con gel; se puso algo más él en la raja y se volvió a sentar. Josué miraba al techo y lanzaba grititos disforzados: «Ay, papi, qué rico, dame más, fuerte, papi, fuerte, así, así, con todo, cómeme, concha tu madre, dame tu leche, papi, así, así…». —Qué rico polvo, carajo. El Sujeto ya estaba cambiándose, apurado. Josué echó un vistazo a su mesa de noche, vio su billetera y su celular: todo estaba en orden. Mientras se vestía, Josué le preguntó si quería ir al baño. El tipo le dijo que no, se puso la mochila en la espalda y salieron hacia la puerta. —Espero verte otra vez —dijo Josué. El Sujeto hizo una mueca con los labios y le dio otro apretón displicente. —Marca la S para que llegues al lobby —dijo Josué. Cerró la puerta, se dirigió al baño, se dio una ducha rápida con agua helada, se vistió y se sentó a trabajar. De pronto, mientras estaba en la laptop, recibió un correo del BCP: era una confirmación de consumo en Tambo. No habían pasado ni quince minutos desde que el Sujeto se había marchado. ¡Qué chucha! ¿Qué mierda está pasando? Fue volando a ver su billetera y el alma le volvió al cuerpo al comprobar que estaban todas las tarjetas menos la de débito del BCP. Selectivo el concha su madre: o es un profesional o es un pelotudo. No entiendo cómo lo hizo y por qué solo se llevó una tarjeta. Llamó al banco de inmediato a bloquearla: el Sujeto pudo realizar dos consumos en Tambo por un total de ochenta y cinco soles antes del bloqueo. ¡Carajo! También que la había pasado; pero ¿cómo, en qué momento sacó solo esa tarjeta y cómo no me di cuenta, si no me desprendí de él? La única oportunidad fue mientras estaba de espaldas, él al lado de la mesa de noche, dándome por el culo. Ay, carajo. Sacó a su perro del canil, le puso su correa y salió al parque a pasearlo. Cuando volvía, antes de llegar a su casa, vio su celular y encontró un mensaje del Sujeto: Sujeto: Oye, no me diste 💵 y tengo que darle a mi chulo, me estás cagando Josué: ¿Qué te pasa, huevón? Ya te cobraste 85 soles que no fueron concertados. Querías llevarte toda mi plata, no seas pendejo. El tipo no contestó, y de pronto entró un mensaje de un celular desconocido con el siguiente tenor: Así que eres vivo, marico de mierda. Haces que te la metan sin condón, marico sidoso, concha tu madre, y encima no quieres pagar. O me pagas, hijo de puta, o te meto bala. Josué no podía creer lo que leía. El «te meto bala» le quedó retumbando en su cabeza. Veneco: ¡¡¡¡Qué te pasa, hijo de puta!!!! No me dejes en visto, que te envío ahora mismo a mis panas, yo no tengo problema en matarte, puto. Josué: No sé quién eres y yo no acordé ningún pago con nadie. Veneco: No te me hagas el huevón. En verdad, no me hagas perder el tiempo: o me pagas o te meto bala. Vives ahí en República de Panamá y tienes al perro gris, Troncho, ¿no?, ¡fumón de mierda! Sujeto: por favor páguele, me está cagando. Josué: ¿Y cuánto te tengo que pagar? Sujeto: Doscientos cincuenta, como quedamos. Josué: ¡¡Cómo quedamos!! No quedamos en nada. Te robaste mi tarjeta y ahora quieres que te pague 250 soles. Veneco: Mira, mamahuevo, voy a matarte cuando saques a Troncho al parque, al perro primero, marico d mierda, te voy a dejar un reguero de sangre en el chifa. O me pagas los cuatrocientos soles o mando a mis panas. Yo no me hago lío: ellos meten bala, a mí no me importa. Josué, estático, parado en la esquina del chifa con su perro. Veneco2: Así que no quieres pagar, marico… Josué: ¿A quién le pago? ¿A dónde les envío la plata? Veneco: Al número del mulato que te metió la rata, mamahuevo, ese que te cachó sin condón. Deposítale los seiscientos ahora mismo o eres hombre muerto. Josué, a punto de yapear la plata, se detuvo y marcó un número; no le contestaron y escribió por WhatsApp. Josué: Hola, Negro. Oye, me están extorsionando. Negro: Te llamo mejor, ¿ok? —¿Qué pasó, cholito? Cuéntame. —Puta, bueno… Gerardo y yo tenemos una relación abierta y, bueno, yo entré a Grindr, la app de citas gay, no sé si la conoces… Lo llevé a mi depa y… —Puta, Josué, eres un tarado. ¿Cómo se te ocurre meterlo a tu casa, huevón? Esas cosas se hacen en otro lado: un hostal, el sauna, yo qué sé. No sabes ni a quién chucha estás metiendo a tu casa. ¡Qué eres pelotudo, carajo! —Puta, no me resondres, Negro, que tengo suficiente conmigo mismo. ¿Qué hago? —Mira, si pagas ahora, vas a tener unos huevones que te van a llamar toda la vida. Es lo que sucede generalmente con las extorsiones de este tipo. Nunca debiste responderles: es como alimentar a un Critter. Van a intimidarte todo lo que puedan hasta que cedas, así que deja de responder y más bien dale de baja al celular ahora mismo. Y bueno, ten cuidado cuando salgas; mejor no salgas por unos días. Josué guardó el celular y siguió caminando, mirando con recelo las motos que pasaban, hasta llegar a su casa, donde se encerró. Todos los días se asomaba al balcón sin tocar la baranda; los vahídos de la altura lo acompañaban mientras veía asesinos en cada moto, en cada Rappi, en cada sujeto extraño con gorra parado demasiado rato en un paradero.

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