Abdúceme que soy realidad (Capítulo 5)
Me puse de pie y fui a la ventana de la habitación. Vi los cielos de Huánuco. Eran las cuatro de la mañana, pero algunas estrellas todavía fulguraban agonizantes. Había nubarrones azulados hacía el fondo y algunas luces se movían por la carretera. Eran mototaxis y colectivos que, incluso antes de que saliera el sol, iban atiborrados de personas...
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