Cinco minutos
Anestesiado sobre la mesa de operaciones, el perro soñaba despreocupado. Paulo buscó el punto para continuar la incisión. Dudó. Volvió a buscarlo. Sintió el sudor sobre sus cejas. El reloj marcaba las ocho y doce cuando vio que Marta se ajustaba los guantes en silencio.
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