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En inglés, please
Lo dijo en inglés: “I’m not learning your damn language”, porque el dominio cultural y político de este hemisferio se ejerce en inglés. El idioma español y el bilingüismo solo constituyen un activo utilitario para subordinados como Marco Rubio, su secretario de Estado de ascendencia cubana.
Pedro Casusol
13 de marzo de 2026
4 min de lectura
Miserable, entreguista, lambiscón, poquita cosa, “cringe” —como dicen los jóvenes para referirse a algo que causa incomodidad y vergüenza al mismo tiempo—, todos adjetivos atribuibles a Javier Milei, el autodenominado “león libertario” de Argentina, luego de que intentara, sin éxito, hablar en inglés para complacer a Donald Trump. Los balbuceos tuvieron lugar en una cumbre convocada por el mandatario estadounidense para reunir, en su club de golf en Miami, a líderes y presidentes latinoamericanos seleccionados por su afinidad con sus intereses particulares.
El evento, cómo no, recibió el grandilocuente nombre de “Shield of Americas”. Sirvió, de plano, para que el presidente de tez naranja informara a sus lacayos qué es lo que van a hacer de ahora en adelante, cómo es que van a combatir al narcotráfico, ordenándoles el despliegue de sus militares y el uso de misiles inteligentes como los que acabaron con Alí Jameneí y los altos mandos de la Guardia Revolucionaria iraní.
Aprovechó que los tenía reunidos: Milei, Bukele, Noboa, el presidente electo Kast, entre otros, para decirles:
—No voy a aprender su maldito idioma, no tengo tiempo…
Lo dijo en inglés: “I’m not learning your damn language”, porque el dominio cultural y político de este hemisferio se ejerce en inglés. El idioma español y el bilingüismo solo constituyen un activo utilitario para subordinados como Marco Rubio, su secretario de Estado de ascendencia cubana. Por eso Milei, arrastrado como él solo, hizo el ridículo intentando hablar en un inglés paupérrimo y francamente risible.
Resulta que Trump odia el idioma de Cervantes: una de las primeras cosas que ha hecho, cada vez que asumió la presidencia, es eliminar las versiones oficiales en español de la página web y las redes sociales de la Casa Blanca.
No es un hecho aislado. Recordemos la reacción del mandatario respecto al espectáculo de medio tiempo del Super Bowl, el evento deportivo estadounidense por antonomasia, que por primera vez fue una actuación íntegramente en español a cargo de Bad Bunny. Una reivindicación a la identidad latina y migrante en medio de persecuciones en un territorio que alguna vez fue considerado “la tierra de las oportunidades”.
Desde su red social “Truth”, una suerte de altavoz del desprecio que es propiedad suya, calificó el espectáculo de “basura” y añadió que “nadie entiende una sola palabra de lo que este hombre está diciendo”, y consideró el baile “ridículo” e inapropiado para los niños. No es mi intención hacer una apología a la música del artista puertorriqueño, cuya estética ubicaría en las antípodas de mis gustos musicales, pero vaya que fue visto como una afrenta a su hegemonía cultural, a ese gobierno monolingüe y anglófono al que le causa escozor el idioma español.
Por eso me causa indignación el hecho de que un grupete de mandatarios y advenedizos, todos ubicados a la derecha o extrema derecha de la región, se haya prestado feliz a esa pantomima, a tomarse fotos con el hombre que persigue a su propia gente en redadas que violan los derechos humanos básicos. ¡Y encima insinúa que el idioma que tenemos en común tiene tal carga negativa que no vale la pena el esfuerzo! Más que una cumbre, lo que se organizó fue un acto de sujeción, un besamanos cortesano, del que los líderes se regresaron con la seguridad de haber sido insultados en el idioma correcto.
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