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Diez centímetros por minuto
Era la corrupción en su forma más primitiva y cotidiana. Lo triste, para mí, fue la pasividad de la gente. Logré al menos que no se robara mi sitio, pero cuando lo denuncié ante el resto de la fila, la reacción de todos fue fría, de hombros caídos.
Pedro Casusol
27 de marzo de 2026
8 min de lectura
Tuve la mala suerte de que mi DNI venció este verano. No me di cuenta hasta una noche en la que tuve que buscar el código de verificación y la fecha de emisión para realizar un asunto que ya ni recuerdo. Salí premiado con un trámite más en el país donde nada funciona como debería. De inmediato, dejé lo que estaba haciendo y me apuré en pagar en la web. Luego me llevé la sorpresa de que el trámite se podía hacer online, que solo tenía que pasar a recoger el documento en una agencia cercana a mi casa, previo aviso en el enlace que me llegó a mi correo electrónico.
Como era de esperarse —debí haberlo previsto— el asunto salió mal. Un día entré a revisar el estado del trámite y vi que lo habían cancelado: “La foto no cumple con los requisitos”. Perdí una semana entera pensando —vaya ingenuidad de mi parte— que la burocracia por fin había hecho algo para solucionarme la vida. En fin, tenía que sacar el DNI de cualquier forma. En ese momento, mi preocupación era no llegar al 12 de abril con el DNI apto para hacer patria y ejercer mi voto. Eso sí, no volvería a tomarme la foto desde la aplicación: un calculado martirio tecnológico.
Vaya usted a la Reniec, haga la cola parado en la vereda, bajo el ardiente sol del verano, interrumpiendo el paso de la gente y de los autos, mientras en la puerta de la agencia la gente se aglomera y grita. Esa vez eran los primeros días de marzo y el trámite me habrá tomado una hora. La semana pasada, cuando regresé por fin para recoger el documento, la situación se había exacerbado: la cola era absurda, daba la vuelta a la esquina y yo me planté interrumpiendo el ingreso a un café. Un error operativo con el chip de los DNI electrónicos había ocasionado un caos en todas las sedes del registro nacional.
No había nada que hacer. Era mediodía, un día de semana. No quería ni imaginar lo que iban a ser los horarios extendidos de fin de semana. La historia se cuenta sola: la incompetencia de las instituciones estatales nos termina pasando la factura a nosotros, los ciudadanos, que tenemos que perder el tiempo atravesando esa carrera de obstáculos y humillación en la que se convierte cualquier trámite en este país. Solo me quedaba tragarme la frustración, recordar que el Perú es así desde que tengo memoria y lamentar no haber llevado nada para leer en las próximas dos o tres horas.
Si lo pensamos, los embudos burocráticos y filas administrativas que tenemos que sufrir como vía crucis son uno de los escasos momentos en los que podemos decir que somos iguales. La burocracia ignora a todos con la misma indiferencia técnica; en apariencia, funciona como un gran nivelador. Pero justo ahí donde el Estado se ausenta, donde la burocracia se traba, surge el peaje ilegal, el tramitador, el cobro de cupo. Por no hablar de la “vara” o el privilegio, tan normalizado en nuestro país. En eso pensaba mientras la fila de la Reniec avanzaba a razón de diez centímetros por minuto.
Dos horas después, casi llegando a la puerta de la agencia, un tipo decidió meterse en la cola. Al principio parecía el novio o el amigo de la chica que estaba justo delante de mí. Pensé que venía a darle apoyo moral, permitirle que se tome un jugo y se siente un rato en la sombra. Cuando uno de los funcionarios pidió que entremos y nos ubicáramos en el segundo piso, él quiso entrar como si nada. Entonces lo encaré: todos habíamos hecho cola, y él quería entrar de frente. Era la corrupción en su forma más primitiva y cotidiana. Lo triste, para mí, fue la pasividad de la gente. Logré al menos que no se robara mi sitio, pero cuando lo denuncié ante el resto de la fila, la reacción de todos fue fría, de hombros caídos. Es que aquí premiamos al corrupto, lo celebramos, lo convertimos en presidente, alcalde, senador o diputado. Por eso estamos como estamos, pues.
Posdata. Ese mismo día, por la tarde, una resolución de la Reniec anunció que sí se podrá votar con el DNI vencido.
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