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El chucacazo de mi vida
Seguramente, si es que tuviese menos recursos o estuviese en una situación desfavorecida, no estaría teniendo estas nimias contrariedades: ya sabría qué hacer.
Luis Fernando Pachacama
30 de abril de 2026
5 min de lectura
¿Y es que me dio chucaque? ¿De qué? De la nada, resulta inverosímil pero certero. Me siento avergonzado de la nada, mejor dicho de no hacer nada. La vagancia y el aburrimiento me dan chucaque. El ser improductivo, me da chucaque. ¿Y si me estoy convirtiendo en vago? No, ni que se mencione. Eso sería lo peor.
No lo digo por mí, aunque sí, tal vez, pero sobre todo por mis padres. Ni que se enteren, sería fatal.
¡Pero me sigue dando chucaque! No puede ser, mi cabeza me estalla de ideas, de imágenes y de música, pero mis manos no atinan a nada: persisto en la cómoda vagancia.
Seguramente, si es que tuviese menos recursos o estuviese en una situación desfavorecida, no estaría teniendo estas nimias contrariedades: ya sabría qué hacer.
Aunque…No que el planeamiento requiere de un proceso de introspección y de vagonería, ¿quizás? Digo, ¿no?
No puedo con esta chucaquería, juro que si no muero, sí que perderé la cordura. Loco pero acostado en una cama King de seda negra forrada en terciopelo gris-verdoso. Así cualquiera desearía la locura. Otros, seguramente los más estudiosos dirían: fenómeno del burn-out, los simples mortales… conchudez. Sí, pues, a veces me siento como un cara de jebe.
Pero esta tozudez mía en el chucaque ideológico me tiene aprehendido, no me puedo… ¡Señor, su delivery! Lo siento pero barriga mata chucaque: mi hamburguesa con pollo, papas fritas, nuggets y agua mineral, me reclaman. Chau.
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