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El limbo

Sentí que el piso desaparecía y con él las paredes. Entonces los recuerdos comenzaron a regresar. La oscuridad. El accidente en moto. La culpa. La discusión con Carmen por sus celos infundados. El hospital.

Thalía Correa
04 de junio de 2026
8 min de lectura
Salí corriendo. La puerta se cerró detrás de mí con un golpe seco. Hacía mucho frío, pensé un momento volver por mi abrigo, pero mis piernas no pararon, seguí corriendo sin mirar atrás. No entendía qué acababa de pasar, pero algo en pcasa me había puesto los nervios de punta. La voz que había escuchado hace un momento seguía resonando en mi cabeza. “Quiero que me veas” Corrí varias cuadras hasta llegar a una avenida iluminada. Me apoyé en un poste, intentando recuperar el aliento. Entonces noté que no tenía mi teléfono. Miré hacia atrás. La calle por la que había llegado parecía más larga de lo que recordaba. Más oscura. Mucho más vacía. Podía irme y habitar otra casa. Pero una parte de mí necesitaba entender lo que estaba pasando. Regresé. La casa seguía igual, silenciosa, inmóvil, con una única ventana encendida en el segundo piso. Toqué la puerta y nadie respondió. Empujé. —¿Hola? —dije, pero no hubo respuesta. Entré. La sala estaba vacía. No había muebles. No había cuadros. No había señales de que alguien hubiera vivido allí durante años. Sentí un escalofrío.Subí las escaleras lentamente hasta la habitación en la que yo mismo había vivido. La puerta estaba entreabierta. Me asomé y lo vi. Estaba parado frente a un espejo. Solo pude verle la espalda y aunque intentaba ver su rostro se me hacía difícil porque estaba oscuro. Me acerqué un poco más, lo reconocí. Era yo. Mi rostro. Mi ropa. Mi expresión aterrorizada. Retrocedí de inmediato. —¿Qué está pasando? La figura levantó la mirada y sonrió. —Por fin volviste. —¿Quién eres? ¿Qué quieres? —Soy quien has dejado encerrado aquí durante años. Sentí que el piso desaparecía y con él las paredes. Entonces los recuerdos comenzaron a regresar. La oscuridad. El accidente en moto. La culpa. La discusión con Carmen por sus celos infundados. El hospital. Todas las partes de mí que había enterrado para seguir adelante. Comprendí algo horrible. Nunca había hablado con nadie y solo tenia miedo de mi. —No —dije — Esto no es real. —Claro que es real —respondió mi reflejo—. Lo que no era real era la versión de ti que inventaste para seguir adelante. La habitación se desmoronó, las paredes se agrietaron. El suelo ya no estaba, solo un gran hoyo negro. La pantalla de mi teléfono se encendió. Había un mensaje nuevo. Lo enviaba mi madre. La fecha era de hace siete años. “Si despiertas, por favor vuelve conmigo” Miré alrededor, asustada y desorientada. La casa desapareció por completo. Un pitido constante. Abrí los ojos. Estaba acostado en una cama de hospital. Mi madre dormía en una silla junto a mí, con el cabello completamente blanco. Seguí buscando con la mirada. Carmen no estaba. Me empezó a dolores le cabeza. Volví a mirar alrededor, pero estábamos solo mamá y yo.

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