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Idiota del fin del mundo

Que no quepa duda: el pavo real se vanagloria de su cola. La estabilidad geopolítica del mundo y el derecho internacional están hechos añicos desde que Estados Unidos se dejó gobernar, por segunda vez, por un miserable de tez naranja. Excusas para atacar países y derrocar regímenes las habrá siempre.

Pedro Casusol
06 de marzo de 2026
5 min de lectura
Trump lo volvió a hacer: a menos de dos meses del golpe en Venezuela, ese que culminó con la captura y extracción de Nicolás Maduro y su esposa, la administración republicana decidió apostar el “todo o nada”. Sin autorización del Congreso de los Estados Unidos ni una declaración de guerra formal, el examigo de Jeffrey Epstein resolvió atacar a Irán en contubernio con Benjamín Netanyahu, nefasto primer ministro de Israel. Un bombardeo aéreo a gran escala cuyo objetivo principal habría sido una reunión de la cúpula militar con el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí. ¿El resultado? El descabezamiento de la república islámica. La “Operación Furia Épica”, que es como llamó Washington al ataque militar en Medio Oriente el pasado sábado 28 de febrero, se dirigió directamente a distritos centrales de Teherán, donde se ubicaba el palacio presidencial, el Consejo de Seguridad Nacional y la residencia de Alí Jameneí. Los reportes indican que unos siete misiles de precisión impactaron en la residencia del líder supremo, y en pocas horas se confirmó su muerte. Otros 48 altos mandos del régimen habrían perecido durante los bombardeos. Columnas de humo se elevaron sobre la capital iraní. Una jornada que será recordada en los libros de Historia como la más brutal intervención estadounidense en suelo iraní, con ataques simultáneos en 20 provincias. De hecho, uno de esos bombardeos terminó impactando en una escuela primaria en Minab, donde habrían muerto más de 100 niñas. Una grave violación a los derechos humanos por la que Trump no ha dicho ni pío y a la que Netanyahu, criminal de guerra y genocida, debe estar acostumbrado, habida cuenta de que los misiles israelíes tienen la mala costumbre de caer en escuelas primarias. La muerte de Jameneí marca un punto de inflexión en las relaciones de Irán con Estados Unidos, Israel y sus países vecinos: Catar, Kuwait, Emiratos Árabes, Irak, Jordania, entre otros, que han sido atacados por misiles balísticos y drones iraníes. Trump, arrastrado a esta empresa por su “partner in crime” Netanyahu, apareció la noche del sábado en su mansión en Mar-a-Lago para anunciar la guerra y ufanarse de tener el mejor ejército del mundo. Poco le importa que el ataque haya sido ilegal, ir en contra de sus promesas de campaña o perder a sus bases políticas del MAGA. ¡Trump se siente todopoderoso! Que no quepa duda: el pavo real se vanagloria de su cola. La estabilidad geopolítica del mundo y el derecho internacional están hechos añicos desde que Estados Unidos se dejó gobernar, por segunda vez, por un miserable de tez naranja. Excusas para atacar países y derrocar regímenes las habrá siempre. El siglo XXI nos ha traído, nuevamente, a la vieja ley del más fuerte. El mismo Trump, en junio del año pasado, atacó con misiles las bases subterráneas donde se supone que Irán trabajaba su famoso programa nuclear. Durante semanas se llenó la boca afirmando que tamaña victoria les habría permitido “retrasar” el programa por varios años, eliminando a científicos y generales clave. No me entra en la cabeza, entonces, cómo es que Estados Unidos descabezó al régimen de los ayatolás por una amenaza nuclear inminente. ¿De qué sirvió, entonces, la llamada “Guerra de los 12 días”? La que Trump calificó de victoria relámpago. Si algo queda claro es que hay un presidente que se cree dictador del planeta. Puede ser nefasto el régimen iraní, así como lo era el de Nicolás Maduro, ¿no lo es acaso el de Trump? El infante senil que juega a la guerra y que tienta al destino porque sabe que, cuando las urnas de las midterms le pasen factura en noviembre, se quedará sin el blindaje del Congreso. En fin, ese es el idiota que un día de rabieta nos puede llevar al final de los tiempos.

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