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Malas decisiones

Mi amo se vistió y salió con el maletín. Pensé que, con ese dinero, mi amo compraría mucha comida para los dos. Volvió al día siguiente, medianamente ebrio y sin maletín. Sacó de su bolsillo una bolsa pequeña con croquetas para mí, lo devoré todo.

Nicole Alaya
12 de agosto de 2026
6 min de lectura
Como los últimos días, mi amo estaba desesperado, le quedaba ya poco por vender. Pensaba que vendería todo, antes de venderme a mí, su leal perro. Él no me alimentaba a menudo, pero todos los días tenía caricias para mí. Yo sabía que no era malo, pero desde que su esposa lo abandonó llevándose a sus hijos, se sumergió más en las apuestas. Supongo que solo se sentía en hogar cuando estaba en ese lugar… ¿cómo se llamaba? Ah sí, “casino” o como mi ex ama le decía “lugar de miseria y derroche”. Una noche tocaron la puerta, ladré un tanto alarmado ya que no solemos recibir visitas. Mi amo me encerró en la cocina mientras recibió al extraño, me pareció, por su voz, que se trataba de un hombre viejo. –Sea bienvenido a mi humilde casa. Gracias por venir. Estoy desesperado –dijo mi amo. –Su amigo es un muy buen cliente mío. Por él, acepté venir a hacer este trabajo a domicilio. Entiendo que su problema es por la falta de dinero, ¿es así? –respondió el hombre viejo. –Sí, he tenido mala suerte y eso ha ahuyentado a mi familia y a mi dinero. Por favor, ¡ayúdeme! –De acuerdo. Lo que siguió fue una especie de ritual, no entendí lo que decía el hombre, se escuchaba algunos sonidos extraños. Mi instinto me decía que esto no era bueno. –Hemos terminado. En menos de 3 días llegará a usted una suma que le permitirá estar más tranquilo, al menos por unos meses. No gastes todo, al cuarto día vendré a cobrarte por mis servicios que son 500 soles –se despidió el hombre. –Perfecto, muchas gracias –contestó mi amo. Cuando el viejo se fue, mi amo me permitió entrar a la sala otra vez. No lo vi muy tranquilo, pero creo que sus pocas esperanzas estaban depositadas en ese extraño suceso que acababa de pasar. Al segundo día, mi amo salió. Cuando regresó, volvió con un portafolio, estaba inquieto como nunca antes, repetía frases una y otra vez, como tratando de convencerse, pero logré entender lo que había pasado: hubo un asalto, mi amo pasaba y vio huir a un delincuente con varios portafolios, uno se le cayó en la fuga, no volvió por él, mi amo que estaba a pocos metros, lo recogió y trajo rápidamente a casa. Repetía también “el brujo me dijo que recibiría un dinero, así que este dinero es mío. Me pertenece”. Mi amo se vistió y salió con el maletín. Pensé que, con ese dinero, mi amo compraría mucha comida para los dos. Volvió al día siguiente, medianamente ebrio y sin maletín. Sacó de su bolsillo una bolsa pequeña con croquetas para mí, lo devoré todo. A los dos días, tocaron el timbre. Era el mismo hombre de la otra vez. –Vengo a que me pagues como corresponde –dijo el hombre. –Me estafaste, no he recibido ningún dinero –se defendió con mentiras mi dueño. –A un brujo no le puedes mentir. –Lo siento, pero no tengo dinero para ti. –Me parece que lo ha gastado todo, tal como le dije que no hiciera. El silencio pareció afirmar lo que mi amo no quería decir. –Con un brujo no se juega, señor –exclamó el viejo con cierta rabia. Otra vez, se inició un ritual y se escucharon sonidos extraños. No podía parar de temblar. Mi amo le preguntaba asustado al hombre qué era lo que estaba haciendo, pero el viejo seguía en lo suyo. –He terminado –dijo el hombre mientras se retiraba– a partir de mañana, su vida tendrá el lugar que merece y ya no tendrá que preocuparse por el dinero otra vez. Vi a mi amo, aparentemente tranquilo, creo que sus esperanzas estaban puestas en ese hombre otra vez. A la mañana siguiente, desperté, no estaba en el piso, estaba en la cama de mi amo, tenía piernas de humano, brazos, manos… ¿dónde estaban mis patas? Miré al piso y me reconocí, durmiendo tranquilamente. Me miré al espejo, me veía como mi amo. El brujo, como castigo, le dio a mi amo el lugar de perro que era mío y a mí, el suyo.

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