Volver al blogTallerista - Grupo presencial

No me dejes sola

En marzo del 2021, estábamos con las restricciones por la Pandemia del Covid-19, yo no tenía trabajo, el negocio de mi mamá quebró, mi abuelo había fallecido en octubre del 2020, el Alzheimer en mi abuelita era cada vez más fuerte. Recuerdo que era martes cuando esperaba que mi mamá regresara de la cita médica con el oncólogo.

Patricia Guillen Sevilla
20 de mayo de 2026
9 min de lectura
Me abrazó fuertemente y llorando me dijo: “No me dejes sola, esta noche quédate aquí a dormir conmigo”. Le dije: “Claro que si mami, estoy aquí contigo”- lo dije con una sonrisa que ocultaba la realidad. Era la tercera vez que oía estas palabras NO ME DEJES SOLA, en estos siete años que vivía con el cáncer, palabras que me partían el alma. A pesar que yo estaba ahí con ella, pienso que muchas veces se sintió así, sola. Tomé su mano prometiéndome no soltarla ni caer en el sueño. ¿Sería esta nuestra última noche juntas?- me preguntaba. A las 8 de la mañana, como era costumbre, recibí su llamada, era un martes del mes de marzo de 2018: -Hola mami, buenos días. ¿Cómo estás? ¿Cómo están mis abuelos? – era mi pregunta inicial de siempre. -Hola mi hijita, los papás están bien. Yo estoy preocupada.- me dijo con una voz entristecida. -¿Qué pasó, mami? -Apareció otro bulto, tengo miedo. -No te preocupes mami, así como la primera vez, verás que todo saldrá bien. – lo dije con voz optimista encubriendo mi preocupación. Afortunadamente el viernes de esa semana, mi jefe me ordenó ir a Lima y aproveché en ir a casa, por fin después de 32 días vería a mi mamá y abuelos. Llegué el viernes a las 10 de la noche con mis botas de seguridad llenas de polvo, mi casco blanco en la mano y una cara que pedía cama. Entré a casa y mi mamá al verme me abrazó y lloró, “Te extrañé, mi hijita”- eran sus palabras de siempre, pero esta vez acompañada de lágrimas que desconsuelo. -¿Qué pasó mami? – me preocupé -No quise contarte, pero hoy recibí los resultados de la biopsia, tengo cáncer. –Me lo dijo en voz baja, para que mis abuelos no escuchen. -No te preocupes mami, eres fuerte, seguro es algo insignificante –nuevamente yo con mi voz optimista. Se dejó caer en mis brazos y por primera vez me dijo “NO ME DEJES SOLA”, nunca antes la había visto así vulnerable, tan frágil que caía a mis brazos, normalmente era yo la que corría a pedirle ayuda, la que no sabía cómo solucionar problemas, y ella en un dos por tres tenía la respuesta, ella tan fuerte, tan sana, tan hermosa, pidiéndome que la protegiera. Le dije: “Mami aquí estoy, no te voy a dejar sola”, nos abrazamos, nos secamos las lágrimas y me dijo ve a saludar a los abuelos. Estaba impaciente sentada en el mueble de la habitación de la clínica, era un viernes de marzo del 2019, pasaron cinco horas y aun mi mamá no regresaba de la operación. Al cabo de una media hora más, abrieron la puerta y ella entró en la camilla, aún dormida. Las enfermeras acomodaron todo y me dijeron que en un momento más entraría el doctor para comunicarme el resultado de la operación. -Está estable, la operación fue un éxito, extrajimos todo el tumor -dijo el doctor -Gracias, doctor -le dije -Nos vemos en consulta, cuídala -fueron sus palabras y se fue. Mi mamá al despertar aun balbuceaba, le dije: “Aquí estoy mami, descansa.” Tomé su mano, y ella continuó durmiendo. Me acomodé en el sillón para dormir, a pesar del pitido de las máquinas que monitorean los signos vitales, pude dormir. Después de una semana de cuidados en casa, tuve que volver al trabajo. -Siempre te extraño mi hijita – me dijo -Yo también mami, pero nos veremos en 32 días, así es el trabajo – le dije con mi sonrisa optimista sin dejar notar mi preocupación. -Lo sé, cuídate mi hijita –me abrazó y nuestras lágrimas cayeron. Los días pasaron, y las radioterapias se volvieron parte de la rutina. Cada 32 días volvía a casa y todo parecía que volvía a la normalidad, incluso el doctor dijo que las tomografías y otros estudios mostraban estabilidad. ¡Qué alegría! “Sabía que hay que ser optimista” – dije con mucha emoción. En marzo del 2021, estábamos con las restricciones por la Pandemia del Covid-19, yo no tenía trabajo, el negocio de mi mamá quebró, mi abuelo había fallecido en octubre del 2020, el Alzheimer en mi abuelita era cada vez más fuerte. Recuerdo que era martes cuando esperaba que mi mamá regresara de la cita médica con el oncólogo. Se abre la puerta y veo entrar a mi mamá: -El cáncer volvió, no me dejes sola.- Se echó en mis brazos y lloró amargamente. Era la segunda vez que me decía “No me dejes sola”. Mi abuela nos miraba, pero no entendía lo que sucedía. -Aquí estoy, mami, no me voy a ir, estoy contigo y verás que saldrás nuevamente de esto.- se lo dije en voz pausada intentando mantener mi optimismo. Ahora estoy aquí sosteniendo su mano, sintiendo su pulso acelerado, y su respiración agitada, es una noche donde siento mi fe disminuida y no tengo mi sonrisa optimista. Me invaden las preguntas en mi cabeza y está bien, no quiero dormir, porque aquí estoy para ella.

¿Te gustó este artículo?

Compártelo con otros escritores que puedan encontrarlo útil