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Un caimán y su amigo

Rocco y Black Fang se hicieron amigos tan pronto como se vieron. Ellos, al igual que la mayoría de hijos de caimanes civilizados y capibaras, jugaban todo el día. A veces ellos dos solos y otras con todos los caimancitos y capibarcitos...

Santiago Rivas
16 de febrero de 2026
13 min de lectura
Un día, en la familia de los caimanes civilizados nació un caimancito, pero ese caimancito era negro, muy negro a comparación de sus hermanos, pero sus padres le amaron a él como a todos sus hijitos caimanes, nunca había diferencias de tratos entre los caimanes civilizados, y a ese caimancito negro lo llamaron Black Fang que significa colmillo negro. En ese mismo día nació en la manada de capibaras un capibarcito muy hermoso igual que todos sus hermanos y hermanas y a él lo llamaron Rocco que para ellos significaba aventurero. Rocco y Black Fang se hicieron amigos tan pronto como se vieron. Ellos, al igual que la mayoría de hijos de caimanes civilizados y capibaras, jugaban todo el día. A veces ellos dos solos y otras con todos los caimancitos y capibarcitos, todos machitos, entonces te preguntarás, ¿Y las hembritas? Bueno, ellas (cuando digo ellas me refiero a las caimancitas y capibarcitas) estaban un poco apartadas de los locos juegos de los chicos, ellas jugaban otras cosas, que no eras chapadas ni escondidas ni nada de los juegos que los chicos jugaban, ellas se iban a los árboles a recoger fruta para sus madres para que ellas preparen el almuerzo, y mientras ellas llevan las frutas, jugaban a que ellas eran las mamás y las frutas sus hijos. Pero ¿Y la drama? Se paciente y lo verás. Un día cuando Rocco y Black Fang ya eran adolescentes Rocco le dijo a Black Fang. —Hay que tener una aventura, Fang. —¿Qué quieres decir?— respondió Fang. —Hay que escaparnos y seguir la corriente del río para ver dónde nos lleva. —¿Escaparnos? ¿de nuestra manada, amigos, padres y comida? —¿No recuerdas que tú mismo me dijiste que querías ver dónde te deja el río? —Sí, pero eso fue cuando éramos niños. —Pero esa es una aventura y tenemos que aprovecharla. —Supongo que sí. —Entonces ¿quieres ir o no? —No lo sé. —Vamos por favor, está sería nuestra primera y tal vez mejor aventura que tendríamos nosotros. —Esta bien pero no te pongas a llorar. —¡¡¡¡Sí!!!! Muchas gracias Fang. —De nada amigo. —¿Cuándo partimos? —Tal vez hoy a media noche. Y así ellos esperaron hasta la medianoche Rocco estaba emocionadísimo, pero Fang no, él estaba un poco preocupado esta sería la primera vez que deja a su manada, amigos, hermanos, y padres, pero su preocupación se interrumpió por el llamado de Rocco. —Psst! Levántate ya llegó la hora. —¿Alistaste la comida? —Pero dijimos que íbamos a parar en la orilla para comer. —A.... cierto lo había olvidado. —Vamos ¡sígeme! El agua del río estaba fría cuando Fang entró en ella. Cuándo ya estaban fuera de la manada de capibaras y caimanes Fang miró atrás, y recordó todos los momentos lindos que había pasado allí y dijo. —Adiós, familia. Y ese sería su adiós para siempre. No sabía que nunca más volvería a verlos. —¿Estás bien? Te veo triste. —Sí, solo me despido de mi familia. —No te pongas triste Fang, que los dos tendremos unas aventuras inolvidables. —Sí... Fang se durmió en la corriente del río... —Despierta, Fang. —¿Que pasó, Rocco? —Te dormiste bastante. —¿Dónde está el sol? —Está empezando a salir. —¿A qué hora te dormiste Rocco? —Pero si yo no me dormí, y te estaba cuidando de que te chocadas con los troncos. —Gracias. —No es nada. —Empiezo a tener hambre. —Vamos a la orilla entonces. —M... que bién que crecieron estas sandías. —Sí... están riquísimas. Cuando ellos estaban por terminar de comer las sandías, Fang dijo en un susurro. —No te muevas alguien nos está viendo. Rocco se quedó estático como una piedra y miró adentro de la selva para ver qué era lo que los estaba viendo, y lo vio, era un jaguar asechándolos y empezó a correr hacia ellos. —¡¡Corre!!— dijo Fang. Y los dos empezaron a correr hacia el río, el jaguar detrás de ellos, el jaguar saltó... Pero falló en atraparlos, y los dos amigos se metieron en el río, el jaguar no los siguió porque se distrajo con un jabalí que estaba cerca del río. —Eso estuvo cerca— dijo Rocco cuando recuperó el aliento. —Sí... demasiado cerca. —¿Me puedo subir a tu lomo? —Claro. Y el capibara se subió al lomo del caimán y se durmió, Fang también por el desayuno se quedó dormido... —Despierta Fang ya amaneció otra vez. —¿Porqué ustedes capibaras son nuestras alarmas? —Porque ustedes duermen demasiado. —Oye, Rocco. —Dime. —¿Que es eso azul que hay allí? —Es el cielo, tonto. —A... Yo pensé que era otra cosa. —Hay que descansar en la arena Fang, hemos pasado demasiado tiempo en el río. —Estoy muy de acuerdo contigo. Ellos se echaron en la arena por unas cuantas horas, ya eran las doce del mediodía cuando ellos estaban comiendo mangos caídos. —¿Estás listo para seguir con nuestra aventura? —Estoy listo.

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